Fuenlabrada arranca en noviembre las obras del Parqueducto, una pasarela peatonal y ciclista ajardinada de 76 metros que conectará la plaza de la Constitución con el barrio de la Estación por encima de las vías de la línea C-5 de Cercanías. La línea atraviesa el casco urbano y genera desde hace décadas una barrera física entre ambas zonas. La inversión municipal asciende a 6,7 millones de euros y el plazo de ejecución previsto es de 15 meses, con apertura esperada para el primer trimestre de 2028.
El alcalde Javier Ayala anunció el proyecto tras la adjudicación, que se completará durante octubre para dar paso al inicio de los trabajos en noviembre. Ayala ha dejado claro que la infraestructura no pretende ser únicamente una solución de movilidad. «Es una plataforma de unos 76 metros de longitud que va a conectar un lado con otro de la ciudad, pero que además queremos que sea un hito y que de alguna forma nos dé una identidad», explicó el regidor.
La pasarela tendrá entre 8,6 y 10 metros de anchura e incorporará rampas accesibles, una escalinata, vegetación lateral con especies adaptadas al clima local y de bajo consumo de agua, e iluminación ambiental y ornamental para integrarse en el paisaje urbano. El proyecto se completará con la remodelación de unos 350 metros cuadrados de la plaza de la Constitución y el acondicionamiento del acceso desde el barrio de la Estación. El objetivo es crear no solo una conexión funcional entre ambas zonas, sino un espacio que invite a pasear y permanecer.
El diseño fue seleccionado en marzo de 2023 mediante un concurso convocado por el Ayuntamiento junto al Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, al que concurrieron 16 propuestas. La iniciativa ganadora es obra de los arquitectos Mauro Doncel y Maitane Díaz, cuya propuesta combina movilidad, accesibilidad y mejora del espacio público en una intervención ajardinada sobre las vías.
La tramitación del proyecto se ha prolongado varios años, pero el Ayuntamiento confía en cumplir el calendario previsto. La filosofía detrás del Parqueducto parte de una apuesta clara: en lugar de soterrar las vías, opción que Ayala califica de económicamente inasumible, se transforma el entorno del ferrocarril para reducir la fractura urbana que genera. «Lo que hemos hecho es intentar convivir con esas vías. Entender que no es una herida, sino que es un espacio de convivencia», señaló el alcalde.